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miércoles, 19 de diciembre de 2012

Un Cariñoso Saludo de Navidad

En el sencillo relato de Mateo capítulo uno, sobre el nacimiento de Jesús, vemos cómo interactúan los protagonistas del más misterioso drama que haya presenciado la humanidad, el momento histórico en que Dios decidió incursionar, como uno de nosotros, en medio de los seres humanos. La deidad, con todo su poder y suficiencia, se encapsulaba en el frágil cuerpo de un bebé. Ha sido imposible para la teología explicar este suceso, porque la sola idea de imaginarlo nos coloca frente a la eterna distancia que hay entre la deidad y la humanidad.

Esta pareja de jóvenes judíos están comprometidos en matrimonio, con todos sus sueños y proyectos a cuestas. De pronto y sin mucho adorno, el escritor sagrado registra que “se halló que había concebido…” María, su chica, la mujer de sus sueños, está embarazada y él no es el padre. Antes de cobrar la ofensa que esto representa para su orgullo de macho, José decide irse. La sociedad de su época le achacaría a él, el abandono de su prometida en estado de gestación. De ahí en adelante, quedaría marcado y con una codena sobre sus hombros. Con esta acción pasaba de ser víctima a convertirse en victimario. Era eso, o someter a su amada al castigo que por ley debía recaer sobre ella, la muerte.



¿Qué impidió que José lo hiciera? Sencillo, que antes de actuar, pensó. “Pensado él en esto…” (v.20). Si solamente incorporáramos a nuestro estilo de vida, esta lección que nos regala José… pensar antes de actuar. Este sencillo principio nos evitaría muchos dolores de cabeza, pero también nos impedía ser prontos para juzgar. José renunció a juzgar y prefirió “pensar” en otras opciones, entre ellas huir. El apóstol Pablo nos advierte que este es el modelo del niño; el que primero habla, luego piensa y finalmente termina juzgando. “Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño” (1ª Corintios 13:11). José actuó como hombre.

Ese tiempo reservado para la reflexión, le permitió a José encontrarse con la revelación. Nuestro pensamiento es algo que celosamente debemos guardar, por tanto el llamado del Señor es a renovarnos en el espíritu de nuestra mente (Efesios 4:23). La pureza del corazón de José y el recio debate interior entre lo correcto y lo justo, fueron interrumpidos por un ángel de parte del Señor. La revelación viene para darle la respuesta, para guiarle en una correcta decisión, para evitar que este noble hombre avanzara en una dirección equivocada, pero sobre todo para posicionar su vida en el centro del propósito de Dios.

Ese mensaje celestial, resultaba extraño, difícil de creer, al margen de cualquier consideración lógica, pero José, no solo lo creyó, sino que también lo aceptó y se sujetó a dicha comunicación. ¿Por qué? Esta revelación tenía una marca que brilla por su ausencia en todos los rimbombantes mensajes que hoy llenan nuestros púlpitos y navegan por todos los canales de comunicación existentes. Exposiciones llenas de carisma, con expresiones que a la gente le fascina escuchar, que traen motivación y elevan la autoestima, que arrancan gritos de júbilo y explosiones de éxtasis. Pero que no nacen en las entrañas de las Sagradas Escrituras. Por absurdo que sonaba aquel anuncio, José lo recibe, sencillamente porque esta revelación tenía la impronta imborrable de registro profético. Quizás en su humanidad aquel hombre hubiera querido escuchar otra cosa, quizás hubiera preferido un mensaje que estimulara su hombría, pero la revelación no acudió a su reflexión para anunciarle lo que él quería oír, sino para ubicarlo en el centro del propósito de Dios, aunque dicho mensaje no sonara para nada gratificante.

En torno a esta sencilla reflexión quiero “anunciarte” el saludo de la navidad. Que la celebración de estos días de fiesta nos permitan abrir espacio para la reflexión. Ese ejercicio productivo de nuestros pensamientos que los conectan con la revelación. Una reflexión que nos lleve a actuar con cautela, nos libre de la tentación de juzgar y nos permita escuchar los mensajes que vienen de lo alto. Pero que esta sea también la oportunidad para sujetarnos, con total humildad, a la soberanía del texto revelado, aunque su contenido no traiga consigo, lo que queremos escuchar, siempre traerá lo que debemos oír, pero sobre todo, siempre vendrá para ubicarnos en el centro de su propósito.

Que el desconcertante mensaje que transformó la vida de José, siga haciendo lo mismo en el corazón de todos aquellos que día a día nos acercamos a él buscando la hermosa presencia que lo inspiró. Una Feliz Navidad, con todo cariño,

El Pastor Angel.

viernes, 23 de diciembre de 2011

Navidad y Solidaridad

Las estadísticas registran 800.000 damnificados, 600 inundaciones, 300 deslizamientos, 148 muertos, 30 desaparecidos y 130 heridos (datos publicados por la revista semana – Ed.1546). Esto sin contar los cultivos arrasados, los animales que se perdieron, las carreteras que se dañaron, los caminos que desaparecieron, los sectores que quedaron completamente aislados. Esta es una historia que se repite y en esta misma proporción en los últimos dos años, pero en otras medidas, por décadas.

Una situación así siempre será dramática, pero lo que le imprime más dolor es la época en que esta desgracia ha decidido visitarnos, la víspera de la Navidad, trasladando sus implacables consecuencias a la más popular de las fiestas familiares y la llegada del nuevo año.

La navidad es una celebración que recrea luces de colores, cánticos, comidas especiales, regalos, ropa nueva... pero para las cientos de familias que hoy viven el drama generado por la ola invernal, esta fecha no tiene nada que celebrar. Las imágenes muestran familias enteras a la orilla de las carreteras, con los pocos enseres que lograron salvar, apilados tras ellos. Las marcas hechas por el barro recorren todos sus cuerpos y la mirada refleja en forma evidente una desolación difícil de expresar con palabras.

En una época en que todos nos esforzamos por vestirnos con la mejor pinta, muchos tendrán sobre sus cuerpo aquella ropa que llevaban puesta el día que el agua los obligó a salir, la misma que, estando puesta, se ha mojado y secado varias veces en los últimos días. En la navidad por lo general la comida es abundante, pero este año en particular, aquellos platillos tendrán una leve sensación de amargura. Mientras que muchos los disfrutamos al calor de nuestra mesa, cientos intentaran llevar a sus bocas lo que puedan cocinar, en muchos casos a la intemperie o bajo un improvisado cambuche. En esta ocasión los regalos que recibamos nos brindaran la alegría natural de sentirnos amados y recordados, pero a la vez nos llenaran de algo de nostalgia. Muchas familias en lugares azotados por las lluvias, estarán corriendo en su encarnizada lucha con la naturaleza para que no se lleve lo poco que aun les queda.

Pero si reflexionamos con detenimiento, este es un sentido natural que la navidad tiene y nosotros pocas veces habíamos meditado en torno a él. La navidad es una época de identificación con aquellos que están en condiciones más difíciles que las nuestras. La postal por excelencia de la navidad; una pareja que camina decenas de kilómetros para cumplir con un tiránico edicto imperial que los obligaba a desplazarse hasta sus ciudades de origen. La llegada a la misma en medio del más agobiante cansancio y las puertas cerradas una detrás de otra, diciéndoles en forma reiterada: No hay lugar para ustedes.

Un esposo desesperado intentando improvisar una sala de partos en medio del más antihigiénico de los ambientes. Un lugar donde se mezclan animales, con enseres, con cosas olvidadas y olores de todo tipo. Ese fue el cuadro de la primera navidad, no muy distinto al que observamos en la rivera de nuestros ríos, en los valles inundados por toda la geografía de nuestro país. Familias improvisando con unos palos y un plástico, un lugar para pasar la noche. Espacios compartidos con animales domésticos, pero también con la amenaza de otros animales peligrosos.

Por eso para aquellos que por la gracia y el favor de Dios, disfrutamos de una celebración de navidad en condiciones más amables, debemos involucrarnos de alguna manera en la historia de aquellos que les ha tocado otra suerte. Algo que podríamos hacer es una oración en familia por todos ellos. Que la reunión familiar no se consuma solo en jolgorio y celebración, sino que haya también oración e intercesión. Esto despertará en cada miembro un sentido de consciencia y solidaridad, pero sobre todo, nos permitirá esgrimir el arma más poderosa que los cristianos tenemos junto con la Palabra, la oración.

La otra cosa que podemos hacer es evitar los excesos y los despilfarros. Es una acción del todo pecaminosa, desperdiciar en un momento en que tantas y tantas familias carecen de lo esencial. Si al hacerlo en esta ocasión, se convierte en un hábito, habremos incorporado a nuestro estilo de vida una práctica que nos bendecirá por el resto de nuestras vidas.

Pero si además de las dos anteriores, pudiéramos ejercitar nuestra solidaridad, por medio de algo concreto, abrazaríamos en toda su dimensión lo que esta festividad realmente significa. La Navidad celebra el día en que Dios se incomodó por nosotros, aquel día en que la deidad se degrado para darles a los mortales lo único que podía reconciliarlos con él. Si puedes llevar a una familia damnificada una ayuda que pueda mitigar su dolor en esta época crucial, entonces sin duda es navidad.

Un abrazo y un caluroso saludo de navidad,
El Pastor Angel