miércoles, 19 de diciembre de 2012

Un Cariñoso Saludo de Navidad

En el sencillo relato de Mateo capítulo uno, sobre el nacimiento de Jesús, vemos cómo interactúan los protagonistas del más misterioso drama que haya presenciado la humanidad, el momento histórico en que Dios decidió incursionar, como uno de nosotros, en medio de los seres humanos. La deidad, con todo su poder y suficiencia, se encapsulaba en el frágil cuerpo de un bebé. Ha sido imposible para la teología explicar este suceso, porque la sola idea de imaginarlo nos coloca frente a la eterna distancia que hay entre la deidad y la humanidad.

Esta pareja de jóvenes judíos están comprometidos en matrimonio, con todos sus sueños y proyectos a cuestas. De pronto y sin mucho adorno, el escritor sagrado registra que “se halló que había concebido…” María, su chica, la mujer de sus sueños, está embarazada y él no es el padre. Antes de cobrar la ofensa que esto representa para su orgullo de macho, José decide irse. La sociedad de su época le achacaría a él, el abandono de su prometida en estado de gestación. De ahí en adelante, quedaría marcado y con una codena sobre sus hombros. Con esta acción pasaba de ser víctima a convertirse en victimario. Era eso, o someter a su amada al castigo que por ley debía recaer sobre ella, la muerte.



¿Qué impidió que José lo hiciera? Sencillo, que antes de actuar, pensó. “Pensado él en esto…” (v.20). Si solamente incorporáramos a nuestro estilo de vida, esta lección que nos regala José… pensar antes de actuar. Este sencillo principio nos evitaría muchos dolores de cabeza, pero también nos impedía ser prontos para juzgar. José renunció a juzgar y prefirió “pensar” en otras opciones, entre ellas huir. El apóstol Pablo nos advierte que este es el modelo del niño; el que primero habla, luego piensa y finalmente termina juzgando. “Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño” (1ª Corintios 13:11). José actuó como hombre.

Ese tiempo reservado para la reflexión, le permitió a José encontrarse con la revelación. Nuestro pensamiento es algo que celosamente debemos guardar, por tanto el llamado del Señor es a renovarnos en el espíritu de nuestra mente (Efesios 4:23). La pureza del corazón de José y el recio debate interior entre lo correcto y lo justo, fueron interrumpidos por un ángel de parte del Señor. La revelación viene para darle la respuesta, para guiarle en una correcta decisión, para evitar que este noble hombre avanzara en una dirección equivocada, pero sobre todo para posicionar su vida en el centro del propósito de Dios.

Ese mensaje celestial, resultaba extraño, difícil de creer, al margen de cualquier consideración lógica, pero José, no solo lo creyó, sino que también lo aceptó y se sujetó a dicha comunicación. ¿Por qué? Esta revelación tenía una marca que brilla por su ausencia en todos los rimbombantes mensajes que hoy llenan nuestros púlpitos y navegan por todos los canales de comunicación existentes. Exposiciones llenas de carisma, con expresiones que a la gente le fascina escuchar, que traen motivación y elevan la autoestima, que arrancan gritos de júbilo y explosiones de éxtasis. Pero que no nacen en las entrañas de las Sagradas Escrituras. Por absurdo que sonaba aquel anuncio, José lo recibe, sencillamente porque esta revelación tenía la impronta imborrable de registro profético. Quizás en su humanidad aquel hombre hubiera querido escuchar otra cosa, quizás hubiera preferido un mensaje que estimulara su hombría, pero la revelación no acudió a su reflexión para anunciarle lo que él quería oír, sino para ubicarlo en el centro del propósito de Dios, aunque dicho mensaje no sonara para nada gratificante.

En torno a esta sencilla reflexión quiero “anunciarte” el saludo de la navidad. Que la celebración de estos días de fiesta nos permitan abrir espacio para la reflexión. Ese ejercicio productivo de nuestros pensamientos que los conectan con la revelación. Una reflexión que nos lleve a actuar con cautela, nos libre de la tentación de juzgar y nos permita escuchar los mensajes que vienen de lo alto. Pero que esta sea también la oportunidad para sujetarnos, con total humildad, a la soberanía del texto revelado, aunque su contenido no traiga consigo, lo que queremos escuchar, siempre traerá lo que debemos oír, pero sobre todo, siempre vendrá para ubicarnos en el centro de su propósito.

Que el desconcertante mensaje que transformó la vida de José, siga haciendo lo mismo en el corazón de todos aquellos que día a día nos acercamos a él buscando la hermosa presencia que lo inspiró. Una Feliz Navidad, con todo cariño,

El Pastor Angel.

lunes, 3 de diciembre de 2012

Transiciones Innaplazables


 Texto: 1 Samuel 3


Samuel fue el hombre que protagonizó el proceso de transición entre dos grandes épocas en el pueblo de Dios. Antes que este gran hombre apareciera en escena, la nación vivió un largo periodo de inestabilidad, de altibajos, de anarquía. Fue una época caracterizada por ausencia de propósito, carente de dirección y que se fue pervirtiendo con el paso del tiempo. Al final de la misma, hasta la institución sacerdotal se encuentra completamente contaminada.

Con Samuel inicia un periodo, que si bien no fue perfecto, condujo a la nación hacia su más grande proyección en toda la historia. La monarquía, primero con Saúl y luego con David, unificó la nación y la convirtió en una potencia de respeto entre las naciones vecinas. Surge con claridad el movimiento profético, que guiaría la nación por medio de la voz de Dios.

Pero quizás las señales más representativas de una época y su paso a la otra se muestran claramente en los versos inicial y final de este capítulo. El versículo uno: “El joven Samuel ministraba a Jehová en presencia de Elí; y la palabra de Jehová escaseaba en aquellos días; no había visión con frecuencia”. Y el versículo 19: “Y Samuel creció, y Jehová estaba con él, y no dejó caer a tierra ninguna de sus palabras. 20Y todo Israel, desde Dan hasta Beerseba, conoció que Samuel era fiel profeta de Jehová. 21Y Jehová volvió a aparecer en Silo; porque Jehová se manifestó a Samuel en Silo por la palabra de Jehová”.

Estos versos muestran el meollo del contraste. La gran diferencia entre una época y otra fue la ausencia y presencia de la Palabra. Pero lo interesante es que el texto sagrado registra este detalle y en ambos momentos menciona la persona de Samuel. El llega al templo siendo un niño y la realidad de la nación se define por la ausencia de visión de Dios, pero su permanencia allí genera un cambio y ahora el texto registra que Dios vuelve a ser protagonista por medio de su Palabra y a través del profeta. No tuvo que venir otro, no. El fue el instrumento de Dios para ese radical cambio, esa transición, ese vuelco total que vivió la nación.

El momento actual que vivimos como iglesia demanda una transición. La influencia de la iglesia en la sociedad debe cambiar. Si continuamos como vamos la iglesia va a ser mimetizada por los valores de la sociedad y la cultura del Reino seguirá siendo una extraña forma de vivir de unos pocos. Por ejemplo, vivimos en un mundo con pensamiento débil, y la iglesia contemporánea esgrime también una teología débil. La vida en el planeta se ha globalizado, y la expresión del evangelio no ha escapado de este envolvente pulpo (el evangelio Mcdonalizado – Replicamos en forma exacta metodologías que otros aplican). El capitalismo ha elevado el dinero a la estatura de una deidad poderosísima, pero la iglesia ha hecho de la búsqueda del dinero su más encarnizada agenda. El estilo del mundo es de promoción permanente de shows, y lastimosamente la iglesia ha convertido su liturgia en un espectáculo y una diversión, una invitación a sentirnos bien. Vivimos en un mundo dominado por la imagen y lastimosamente la iglesia abandonó la ética por la cosmética.

La iglesia debe transicionar, para convertirse en la voz de Dios para un mundo completamente sin rumbo. En lugar de ser arrastrada por la corriente de este mundo la iglesia debe emerger como un dique que le permita al pecador colocarse a salvo y poder acercarse nuevamente a su creador.

Pero este cambio no es de formas. No se trata de invadir los medios masivos de comunicación, con magazines y eventos multitudinarios; no se trata de ubicarnos en las más altas esferas políticas y económicas de la sociedad (no está mal hacerlo, pero no es lo importante en el asunto). El cambio no pasa por levantar suntuosas edificaciones, tener cantantes en las más sonadas premiaciones mundiales… el asunto es más de fondo. Samuel no surge con la fuerza de Sansón o la capacidad estratégica de Gedeón o el arrojo salvaje de Jefté, no. Este es un chico sencillo, con un alma pura y con un sello de consagración que le fue impreso desde antes de nacer.

Si el asunto no pasa por tener más fuerzas o más recursos o más influencia política, entonces específicamente en qué debemos transicionar. Finalmente con David, la nación ve cumplido el sueño de Dios en ellos. David y Salomón disfrutan de esta bendición, pero quien inició la transición fue Samuel. Si el asunto es de fondo, veamos cuales son los pasos transformadores que deben darse en nuestras vidas y en la iglesia de hoy:


Una Transición de…
DE LA RELIGION A LA COMUNIÓN.
1.     DE LA RELACION RELIGIOSA TRADICIONAL A UNA PODEROSA COMUNION PERSONAL.


Es bien gráfica la descripción que el texto hace del hábitat en que Samuel se mueve. Desde muy niño su vida giró en torno al templo y a todo lo sagrado que este representa. El ministraba a Jehová, él literalmente vivía con el sumo sacerdote. Dormía en el templo, se movía a unos metros del Arca de Pacto, iluminado por la luz que emitían las lámparas sagradas.

A pesar de todo este ambiente religioso que rodea a nuestro personaje, el encabezado del verso 7 registra: “Y Samuel no había conocido aún a Jehová,…” Este conocer no se refiere a una experiencia filosófica o académica, este conocer tiene que ver con saber por experiencia. Es un saber que se involucra con el objeto de dicho saber. Apunta a la relación íntima, personal, cargada de experiencia. En algunos casos, como este, ese conocer se presenta en paralelo con oír.

Es interesante que la experiencia de Samuel resulte mucho más frecuente de lo que nosotros imaginamos. Las personas llenan los templo, cargan entre su enceres diarios una Biblia, conocen de memoria un amplio repertorio de canciones cristianas, incluso han aceptado socialmente su condición de cristianos evangélicos, sus hogares son iluminados por muchos de los principios y las normas escriturales, pero aun así no conocen a Dios.

Los domingos se convirtieron en los días de la cita familiar con la tradición, con el culto, con aquella experiencia religiosa reconfortante, pero quizás nunca han sido momentos de verdadero encuentro íntimo. El salmista declara: “La comunión íntima de Jehová es con los que le temen, Y a ellos hará conocer su pacto”. (Salmo25:14).

Si hay una transición que debemos dar en forma urgente, es el salir de esa relación nominal y religiosa con Dios y comenzar una verdadera vivencia de intimidad. Es más urgente que salir de una casa arrendada para pasar a un suntuoso auditorio, más que pasar de un pequeño grupo de cantores a una gran orquesta de música, más que pasar de ser cien a ser dos mil, debemos pasar a disfrutar de una relación de intimidad, cercanía y conocimiento de Dios.

Una Transición…
DEL SERMÓN A LA REVELACIÓN
2.     DE OIR UN MENSAJE O UN SERMÓN A SER EXPUESTO A LA REVELACIÓN.



Aquella madrugada, Samuel escucha en forma clara su nombre. Era la voz de Dios que le llamaba por el nombre, pero él no pudo identificarla, ya que era una voz que no conocía. Samuel podía oír pero no conocía, Elí podía entender, pero no escuchaba. Son dos acciones que se dieron en aquel episodio y se repiten todo el tiempo en medio de nosotros. Oímos el mensaje, reconocemos un sonido, pero no conocemos en forma personal al autor de esa voz. En otros casos tenemos la capacidad de interpretar, descifrar, pero no logramos escuchar.

Hay algo que me fascina de esa voz que llamó a Samuel. Porque si observamos con algo de detenimiento, podemos apreciar ciertas características de dicha voz:
  •  Es insistente. Por cuatro ocasiones llama al chico, no se rinde.
  • Es personal. Llama a Samuel por su nombre. Este es quizás uno de nuestros principales problemas, no apreciamos la naturaleza personal de dicha voz.
  • Es de naturaleza revelacional. No es tanto para que aprendas un dato más, no es para que agrandes tus archivos de detalles, es para que el velo de tu vida sea corrido y puedas apreciar algo poderoso que Dios quiere mostrarte.

Por eso la respuesta no puede ser inconsciente, mecánica, autómata. El mensaje deja de ser sermón y se transforma en revelación cuando se encuentra con el espíritu humilde y ansioso del ser humano. “Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados” (Isaías 57:15).

Es solo de las profundidades del espíritu que puede salir la respuesta… habla Jehová que tu siervo oye. Ahí se configuró un encuentro. Nuestras convocaciones ha cambiado la respuesta y ahora le decimos: Oye Jehová que tu siervo habla. Solo cuando la Palabra es recibida como revelación, puede generar transformación.

Una Transición…
DE LAS EXPERIENCIA TEMPORALES A LA PRESENCIA PERMANENTE
3.     EXPERIENCIAS DE INDOLE TEMPORAL A UNA PERMANENTE PRESENCIA CELESTIAL.


“Y Samuel creció, y Jehová estaba con él, y no dejó caer a tierra ninguna de sus palabras. 20Y todo Israel, desde Dan hasta Beerseba, conoció que Samuel era fiel profeta de Jehová. 21Y Jehová volvió a aparecer en Silo; porque Jehová se manifestó a Samuel en Silo por la palabra de Jehová”.

Este registro final es sencillamente fascinante: Jehová estaba con él. Si pudiéramos colocar esta pequeña frase en toda su dimensión, si alcanzamos visionar lo que significa que aquel que creó los cielos y la tierra y que la sustenta con su diestra, ese mismo, decide acompañarnos en todo momento.

Desde aquella revelación cargada de juicio sobre el sacerdote Elí, cada vez que Samuel habló, Dios honró su palabra en labios del profeta; no dejó caer a tierra ninguna de sus palabras. Esa presencia permanente es la que trae la gloria de Dios, es la que trae el gozo de Dios, es la que trae los milagros de Dios, la bendición de Dios… Y Jehová volvió a aparecer. Con cuánta urgencia necesitamos que este texto se haga una realidad en medio de nosotros. Que Dios vuelva a aparecer.

Dios quiere volver a aparecer en esa universidad, en esa oficina, en ese barrio, en medio de la iglesia, en medio de tu familia. Es la presencia que camina contigo, que te acompaña a todos lados, que guía cada uno de tus pasos.

CONCLUSIÓN.
Estas son las transiciones que debemos protagonizar. La transición que trae de vuelta la Palabra, y hace visible el carácter invisible de Dios.

domingo, 22 de julio de 2012

37 AÑOS NO SON NADA, SANTAFE POR FIN CAMPEÓN


Hace 12 años prediqué en la concregación que pastoreo, un sermón que titulé. “El arte de esperar”. Era una reflexión sobre la experiencia de Zacarías y Elisabet su esposa, y su deseo aplazado por tener un hijo. En la reflexión quería resaltar el valor de una virtud que Dios nos manda a cultivar, máxime cuando la Escritura la presenta como una expresión del fruto de Espíritu. Les estoy hablando de la paciencia. A este par de ancianos, que por años esperaron la repuesta a su oración, Dios se les revela premiando su fidelidad, su paciencia y recalcando que él tiene memoria de nuestras más íntimas peticiones.

Menciono los años que hace que predique este sermón, no haciendo alarde de mi memoria, sino porque nunca olvidaré la ilustración que usé durante la introducción a mi exposición, En esa ocasión decía que había un grupo especial de la población Colombiana que había desarrollado la virtud de esperar; los hichas del Santafe (Equipo de futbol, con sede en Bogotá); grupo del que orgullosamente hago parte.



Mencioné en ese entonces que llevábamos 25 años esperando ser campeones. Hoy 12 años después, 37 por todos, hemos visto el cumplimiento de la ilustración de aquel sermón. El pasado domingo 15 de Julio de 2012, a las 6:00 PM, había una exitación especial en casa. Mi esposa había preparado pasabocas y todos estabamos invadidos por ansiedad. La espera estaba a solo unos minutos de terminar, y mi pecho no podía disimular la emoción. El partido comenzó y la tensión se multiplicó. El primer periodo se consumió y todavía nada estaba definido, la espera se prolongaba 45 minutos más y la paciencia parecía decidida a huir. Los pasabocas eran devorados a prisa y mis dedos índices ya no aguantaban más (tengo el vicio de morder los dedos índices cuando estoy muy ansioso o tensionado).

De pronto, el cobro impecable de una falta, el balón realizó el surco parabólico y entre el ramillete de jugadores que poblaban el área salió Copete y en forma incómoda cabeceó el balón y este, para aumentar el drama, avanzó con suspenso y por fin ingresó a la portería rival. El corazón estaba a punto de explotar y el abrazo solidario de mi esposa y mis hijos disimularon las lágrimas que corrían por mis mejillas. De ahí en adelante el drama fue otro. El tiempo hasta el pitazo final fue eterno; una vez más esperar. El equipo dilapidaba oportunidades de confirmar el triunfo y el temor rondaba amenazante en mi cabeza. Cuando el cronómetro arribó al minuto 47 el arbitro tomó el balón con sus manos y decretó el final del partido. Santafe, mi santefecito lindo era campeón.

Mis manos estrecharon mi rostro con violencia, los brazos de mi esposa y mis hijos se extendieron para felicitarme y de pronto, sin poder controlarlo, irrumpí en llanto, como un niño. Esa mezcla de alegría y satisfacción, contenida por 37 años. Qué emocionante es recibir lo que hemos esperado por mucho tiempo. Desde el nacimiento de mis tres hijos (y la menor tiene 14 años) no vivía una emoción tan grande.

Esta es una generación que ha hecho de la paciencia un anti-valor. Todo lo queremos ver en forma inmediata. A todos ellos, quiero recordarles que Dios no se apresura en el cumplimiento de su propósito en cada uno de nosotros, él es un Dios paciente. El sigue apostándole a los procesos, a la formación pausada de su imágen en cada uno de nosotros. Si los directivos de Santafe, siguieran el ejemplo del Señor, seguramente las celebraciones no serían tan distantes. A propósito,... te imaginas la emoción de Zacarías y Elisabet. Yo ya puedo imaginarlo.

Un abrazo,
El pastor Angel.

martes, 5 de junio de 2012

TODOS SOMOS IGUALES


Tuve la oportunidad de leer en el “eltiempo.com” el artículo de Natalia Springer, acerca del doloroso episodio de la brutal muerte de Rosa Elvira Cely. La columnista relata que el policía que la atendía en ese momento, en lugar de tomar una decisión que privilegiara la vida de esta mujer, dado su evidente gravedad, sólo se le ocurrió preguntarle si tenía seguro. La respuesta de Rosa Elvira coincidió con la de millones de colombianos: “No, no tengo”. Esta expresión determinó el lugar a dónde ella debía ser trasladada. La decisión del lugar de su atención no se tomó al observar su deplorable estado, o las huellas de la tortura a la que había sido sometida, o las marcas sobre su cuerpo de la aberración enfermiza de su victimario. No se detuvieron a observar que la vida se le escapaba y que el tiempo era el único activo que esta pobre mujer tenía en ese momento.


Rosa Elvira fue llevada a un hospital al otro extremo de donde fue encontrada, a pesar de estar a solo unos pasos de dos de los más importantes centros médicos de la ciudad. Estuvo en un pasillo esperando una camilla y fue atendida casi a medio día, cuando había sido encontrada por la policía las 6:30 de la mañana aproximadamente.

Cuando leía esta crónica, no pude dejar de pensar en el atentado perpetrado al exministro Fernando Londoño. Todos vimos las imágenes de ese demencial acto. En nuestra retina todavía se mantiene la escena del exministro, caminando de la mano de sus escoltas, notablemente atontado por la explosión y con su rostro ensangrentado. Si observamos con detenimiento, la pregunta que le hicieron sus hombres de seguridad es muy parecida a la que el policía le hiciera a Rosa Elvira. “¿Señor Ministro, a qué clínica lo llevamos?” El respondió en forma jocosa, “A cualquiera, menos al Meissen” (Hospital distrital, que atraviesa una dura crisis, con un saldo en rojo de 41.538 millones y denunciado por supuestas irregularidades en contratación de obras como la nueva sede).

Todos los medios registraron el sentido del humor que esgrimía el ministro en medio de semejante tragedia. Sus escoltas lo trasladaron a la prestigiosa clínica Country, no solo por su cercanía, sino también porque allí se le garantizaba una atención acorde a la gravedad de su estado. Todavía no sabemos qué tipo de seguro tendría el exministro Londoño, pero en medio de un drama como el que vivió, pudo se atendido con prontitud en el lugar más cercano y apropiado, porque así debe ser.

Rosa Elvira no tuvo la posibilidad de escoger. Pero bueno, en ese momento no estaba en condiciones de hacerlo; pero menos mal, su vida estaba siendo guardada por un servidor del estado. Qué pensarían los padres de la patria que redactaron el artículo 14 de nuestra constitución: “Todas las personas nacen libres e iguales ante la ley, recibirán la misma protección y trato de las autoridades y gozarán de los mismos derechos, libertades y oportunidades sin ninguna discriminación por razones de sexo, raza, origen nacional o familiar, lengua, religión, opinión política o filosófica.

El Estado promoverá las condiciones para que la igualdad sea real y efectiva y adoptará medidas en favor de grupos discriminados o marginados.

El Estado protegerá especialmente a aquellas personas que por su condición económica, física o mental, se encuentren en circunstancia de debilidad manifiesta y sancionará los abusos o maltratos que contra ellas se cometan”.

¿Es esto cierto? Un exministro puede decidir dónde ser atendido (y está bien que haya sido atendido rápido y en un lugar cercano), pero que una mujer que ha sido ultrajada, violada, que está visiblemente mal herida, tenga que se interrogada sobre la existencia de un seguro para ser atendida, es el más radical cuadro de desigualdad que se puede dibujar en una sociedad. ¿No se le podía garantiza a esta mujer sus más elementales derechos en medio de semejante tragedia? Pero estos servidores públicos le desconocieron el más elemental de todos, el derecho a la vida (Artículo 11. El derecho a la vida es inviolable).

Las desigualdades han existido siempre, pero cuando se manifiestan en circunstancias como estás, podemos concluir que socialmente, estamos tocando fondo. Únicamente delante de la presencia de Dios nuestro Señor, somos iguales. El hace salir su sol sobre bueno y malos y hace llover sobre justos e injusto, pero sobre todo,… él entrego la vida de su Hijo Jesucristo para que “todo” aquel que en él crea alcance la gracia y el favor de Dios.

Qué Dios nos permita disfrutar de la bendición de pertenecer a su reino, donde podemos ser atendido directamente por el Rey. No importa si tienes o no seguro, o si has sido un ministro de gobierno o vendes dulces en la calle… Él siempre está disponible para todo aquel que le busca, porque delante de su presencia, todos somos igual de necesitados.

Con profunda indignación, El Pastor Ángel

domingo, 20 de mayo de 2012

MADRES GUERRERAS


No es posible medir la fortaleza de una madre. Estoy convencido que no hay otro ser sobre la tierra que sea capaz de esgrimir una fuerza descomunal en medio de alguna amenaza que involucre a sus hijos, como una madre. Todos seguramente han escuchado historias donde una mujer realiza una prodigiosa hazaña por salvar a uno de sus hijos, que después ni ella misma es capaz de explicar lo ocurrido.


“El pasado mes de Marzo (2012) un enorme huracán que asoló el pueblo de Henryville (Indiana, Estados Unidos). Fue de los fuertes. Se contaron 140 tornados, 76 descargas y 39 muertos. Pero hubo una cosa con la que no pudo: el amor de una madre. Fue difícil para Stephanie Decker ganar esa batalla para salvar la vida de sus hijos. Lo logró, pero ahora han tenido que amputarle ambas piernas.

Esta mujer de 37 años vio como la casa que había comprado junto a su marido para criar a sus dos hijos, Indiana, empezaba a temblar. Jamás imaginé que mi casa volaría por los aires, dijo la madre. Llevó a sus hijos —Dominic, de 8 años y la niña Reese, de 5— al sótano. Entonces la casa empezó a desintegrarse sobre ellos. No sabía qué hacer. Probó a cubrirlos con un edredón. Podía ver cómo la ventana volaba por los aires y cómo la casa reventaba". Así que hizo lo que se supone que le dictó su instinto maternal: protegió a sus hijos con su propio cuerpo. Justo a tiempo. El huracán estaba avanzando y todos los escombros cayeron sobre ella.

No podía permitirme perder el conocimiento. Me necesitaban. Tenían que tenerme así y mi obligación era pensar qué hacer. Después que todo pasó, declaró, Sabía que una de mis piernas se me estaba descolgando, o ya la había perdido. No sabía cuál, pero sí que estaba muy mal. Si no recibía ayuda pronto, iba a desangrarme".  Por fortuna, la ayuda no tardó en llegar. Stephanie fue evacuada y llevada a un hospital de Kentucky. No hubo más remedio que amputarle las piernas, pero sus hijos estaban completamente sanos”.


Ese don especial que tiene las mamás frente a las amenazas físicas de sus hijos, también debe ser usado frente a las amenas espirituales. En este momento, más que nunca, se necesita esa fortaleza especial para que los chicos de hoy no terminen bajo del cautiverio de cualquier cosa que el enemigo quiere hacer con ellos. La Escritura en el capítulo uno del primer libro de Reyes, registra la historia de una madre que descubrió y usó este don especial en un momento clave de la vida de su hijo.

Nuestra heroína se llama Betsabé, la madre de Salomón. Cuando David, el gran monarca de Israel está en sus últimos días, había un vacío momentáneo de poder y Amasías, un hermano mayor de Salomón, comenzó a cultivar el favor popular con el fin de proclamarse rey. Todo estaba listo, la revuelta había iniciado y el curso de los acontecimientos parecía indicar que el sucesor de David sería Amasías. Fue entonces cuando Betsabé se levantó para reclamar una promesa que había sido declarado sobre su hijo. El Rey, algunos años antes, había declarado que Salomón no solo lo sucedería en el trono, sino que también terminaría algunos proyectos que Dios no le había permitido concluir.

Esta mujer acudió al Rey y en medio de las limitaciones físicas de este, le recordó las promesas que él había hecho y se mantuvo en presencia del monarca hasta conseguir para su hijo, lo que legítimamente le correspondía. El rey desconoció las acciones de Amasías y arregló todo para que Salomón fuese reconocido como el nuevo monarca de la nación. Betsabé no estuvo dispuesta a ceder y con decisión y arrojo, peleó porque su hijo recibiera lo que Dios había destinado para él.

Creo que este es un desafío para las madres en medio de la celebración de su día. No permitas que nada ni nadie se llevé todo aquello que Dios te ha prometido a tí y a los tuyos. Acude hoy a la presencia misma del Rey de reyes y Señor de señores y declara todo aquello que él en su Palabra te ha prometido. No te rindas, tú eres poseedora de una fortaleza especial que Dios te ha dado, tú eres una madre, una guerrera.