lunes, 20 de julio de 2020


¿PATRIA BOBA, DESIERTO O VARÓN PERFECTO?


Hoy celebramos el día de la independencia nacional en Colombia. Por diversos canales hemos visto cómo se recrea aquel episodio que desencadenó esa revuelta que llevó a proclamar el grito de independencia. Es interesante que el periodo de la historia que se escribió después de la gloriosa jornada del 20 de julio de 1810 es uno de los más vergonzosos. Se le conoce con el nombre de la “Patria Boba” y terminó precisamente con la reconquista española dirigida por Pablo Morillo. Nuestros novatos dirigentes no supieron qué hacer con la libertad que habían conquistado y finalmente volvieron a caer bajo el dominio de opresor.

En las páginas de la Escritura encontramos un evento similar. Israel logra su libertad de Egipto en medio de una apoteósica manifestación del poder de Dios, para luego vivir un periodo de murmuración, peleas internas, intenciones de retroceder y la muerte temprana de toda una generación.

La historia nacional como la bíblica nos ofrece dos perfectos paralelos de lo que a menudo sucede con nosotros. Por medio de la intervención sobre natural de Dios, experimentamos la liberación en Cristo, pero nos cuesta trabajo caminar en la libertad con que Él nos ha hecho libres. Transitamos por la vida exhibiendo un título que acredita nuestra liberación, pero en realidad vivimos bajo una pesada opresión y atados con tantas cadenas, que casi no podemos ni movernos.

La libertad es un evento, pero su verdadera repercusión se aprecia en el proceso. La libertad no puede limitarse a una fecha que se celebra, tiene que convertirse en una verdad que nos gobierna. Los meses que siguieron al suceso del florero de Llorente, y el peregrinar de Israel por el desierto, se constituían en el espacio propicio para afirmar la libertad lograda, pero en ambos casos, lo que la historia registra es un camino de frustración y derrota.

Nosotros celebramos la victoria plena y definitiva de nuestro Señor al darnos libertad de las cadenas del pecado. El gran desafío es hacer de este proceso aquello que magistralmente el apóstol Pablo describió en Efesios 4.13: “…hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;…”.

Que la libertad que hemos recibido nos lleve a manifestar al Varón Perfecto, a Cristo Jesús, nuestro Señor. No hagamos de nuestro peregrinar en fe, una “patria boba” o un permanente “desierto”. Que el favor de Dios, y ojalá un delicioso café, té acompañen en este día de fiesta. Gracia y paz.

Pastor Angel Encinales.

miércoles, 8 de julio de 2020

DEJA QUE DIOS INVADA TU AGENDA



Lucas 7.11, 12
Aconteció después, que él iba a la ciudad que se llama Naín, e iban con él muchos de sus discípulos, y una gran multitud. 12Cuando llegó cerca de la puerta de la ciudad, he aquí que llevaban a enterrar a un difunto, hijo único de su madre, la cual era viuda; y había con ella mucha gente de la ciudad”.

El relato describe el cruce de dos grupos de “mucha gente”. Dos multitudes que se encuentran a la entrada de una ciudad llamada Naín. Aunque coinciden en este lugar en particular, ambos tienen destinos y propósitos completamente diferentes. Por un lado una gran multitud que está seducida por el mensaje y los milagros de un predicador itinerante, que no se parece en nada a los tantos que le han precedido y por otro lado, mucha gente que acompaña en su dolor a una madre que ha perdido a su único hijo. Podrías decir que esta última es la caravana de la muerte, mientras que la primera es sin duda, la caravana de la vida.


No sabemos exactamente cuál era razón por la cual Jesús se dirigía a Naín, pero conocemos con bastante precisión la agenda de ese segundo grupo, que encabezaba esa triste mujer. No era la primera vez que hacía este recorrido. Lucas nos recuerda que era viuda. En alguna ocasión anterior caminó esa misma ruta para despedir el cuerpo sin vida de su esposo. El itinerario es el mismo en esta ocasión. El destino, una cueva o un sepulcro para dejar ahí ahora a su hijo. Ese recorrido ya ha estado rociado por sus lágrimas, y ella sabe todos los detalles de rigor en estos momentos.

Pero su agenda fue interrumpida por quien encabezaba aquel otro grupo. El Señor irrumpe en la escena para alterar el itinerario del dolor. Ahora se dirige a la atribulada mujer (v.13). “Y cuando el Señor la vio, se compadeció de ella, y le dijo: No llores”. ¿No llores? Esta es una petición que no tiene sentido. Cómo pedirle a una madre que ha perdido a su único hijo que no llore. Pero esa expresión estaba anticipando algo realmente maravilloso. La vida se cruza con la muerte y el duelo es transformado en celebración. Aquella mujer se detiene y deja que su agenda sea alterada por la agenda de Jesús y entonces se da el milagro.

No sé cuál sea la agenda que esté guiando tu vida hoy. Quizás las experiencias de dolor como el de aquella madre. Quizás el agitado esfuerzo del trabajo infructuoso. Quizás el peregrinar por un matrimonio tortuoso o un hogar en crisis. Quizás tu agenda está determinada por un economía en quiebra o un sin número de situaciones sin resolver… ¡Deja que el Señor Jesucristo invada tu agenda! Dale un espacio en el peregrinar que llevas. Permítele interrumpir la celeridad de tus pasos y escúchalo. Deja que la vida de Cristo le dé un nuevo sentido a la caravana de tu vida. Te aseguro que no te arrepentirás.

Un abrazo, tu pastor amigo,
Angel Encinales.

sábado, 20 de junio de 2020

UN HOMENAJE A JUAN GREGORIO ENCINALES, MI PADRE

“Gracias Padre, por permitirme conocerte a través de mi padre”.


Tenía una sonrisa de comercial, pero no la usaba con mucha frecuencia. Mi padre fue un hombre seco, de pocas palabras y en muchos momentos inexpresivo. Irónicamente era un hombre con un gran sentido del humor. Un humor inteligente, un humor que invitaba a la reflexión, a veces hasta al sarcasmo. Parecía tener un dosificador verbal. No despilfarraba palabras, pero cuando hablaba, uno no podía hacer caso omiso a sus declaraciones, porque el tiempo siempre respaldó cada una de sus frases. Si no prestabas atención a alguna cosa que él pronunciaba, más tarde o más temprano, el eco de esa declaración, volvía a ser audible a tu oído.

Siempre me pregunté de dónde había sacado mi padre esa capacidad para ir un paso adelante en cada circunstancia y poderla ver antes de tiempo. De niño esto fue mi tortura. Si me escapaba, él sabía exactamente el lugar por donde iba a regresar, aunque tuviera muchas alternativas. Si tomaba algo sin autorización, él sabía exactamente dónde buscarlo, aunque me esforzaba por llevar mi creatividad al límite al esconderlo. Él podía con una frase anticiparse a lo que te iba a pasar si hacías esto, o aquello; y vaya si tenía razón… siempre.

Mi padre no fue un hombre apegado a lo material. Nunca se concentró en comprar una casa, un apartamento, una finca o un carro; su preocupación siempre estuvo en el hogar. Fue un hombre excesivamente generoso. Una generosidad que en muchos casos, solo el cielo presenció. Nunca hizo alarde de sus acciones. Con el paso de los años, he conocido decenas de historias de personas y familias que él ayudó, pero que nunca supimos. Igual hizo con nosotros, los hijos. En varias ocasiones fuimos objeto de su generosidad y los demás no se enteraron. El tiempo ha venido revelando esas lindas historias de un hombre que expresó desde el anonimato, esta marca característica del carácter de Dios.

Ocupó todos los cargos directivos y honoríficos que la misión para la que trabajó toda su vida, tiene; pero nunca le gustaron los reconocimientos. Y no era una falsa modestia, de verdad fue así. Nunca buscó que lo eligieran, que lo promoviera, que le reconocieran, pero Dios, que conocía su corazón, le plació ubicarlo en lugares como esos, cuando Él quiso. Alguien podía acusarlo de falta de ambición o de visión, pero fue fiel a sus convicciones de vida. Cuando cumplía su periodo se iba, nunca se aferró a poder, ni sacó ventaja de su posición.

Mi padre me dio mucho de lo que él nunca tuvo. El creció en un contexto de pobreza extrema. No tuvo la posibilidad de estudiar, y fue criado exclusivamente por su madre, la abuela Lucila. No disfrutó de la figura paterna durante su formación. Él se preocupó por darnos a mí y a mis hermanos, todo lo que necesitábamos y un poco más. Nos animó y patrocinó nuestros estudios hasta donde quisimos aprovechar y nos acompañó siempre durante nuestro crecimiento y formación. Estuvo ahí para nosotros siempre y aunque no fue un ser humano perfecto (solo uno lo fue), hizo por nosotros sus hijos, lo más importante que un padre puede hacer… todos pudimos conocer a Dios por medio de él y sobre todo en él. Por eso puedo decir si apartarme de la verdad ni un ápice, que mi padre me dio lo que él nunca tuvo, pero sobre todo, me dio lo más valioso que él recibió, la vida de Cristo.

Hace un momento mencioné que mi padre siempre estuvo ahí. Corrijo, siempre ha estado ahí. Cuando pienso en él, puedo entender con claridad ese hermoso texto en Apocalipsis 14.13: “Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, porque sus obras con ellos siguen”. En su caso, no solo sus obras, sino también sus palabras, su consejo, su sabiduría. Sigue descansando papá, porque tu trabajo no se ha detenido ni por un instante.


Mis hijos no disfrutaron el privilegio de conocerlo más de cerca. No podrán hacerlo a través de mí, porque aunque he querido imitarlo en muchas cosas, debo reconocer con cierta frustración que este hombre dejó el listón (la vara) puesto a una altura difícil de alcanzar. Pero mi esfuerzo hoy, es que ellos, mis hijos, puedan reconocer en mí, al Padre que yo puede reconocer en él, el Padre celestial. Gracias Padre, por el padre que me diste. Gracias papá, por siempre estar ahí. Tus consejos y tu ejemplo no los silenció la muerte y hoy suenan con más fuerza. Parece que el tiempo te ha hecho más elocuente. Un beso, hasta siempre “Don Lincy”. Con amor y gratitud eterna, tu hijo Angel.

sábado, 22 de junio de 2013

UN DESAFÍO DE FE, SER PADRES

El privilegio de ser padres es tan grande, que solo es comparado con el tamaño de la responsabilidad que esta designación tiene. Tantas facetas que el hombre vive en su rol de padre, que sería muy complicado abarcarlas todas en un artículo breve como este. Pero creo que una de las más desafiantes es la sensación de impotencia que vivimos frecuentemente cuando las cosas se nos salen de las manos. La familia espera que el padre, se encargue y solucione las situaciones complicadas que surgen, pero no siempre es posible. Es ahí precisamente, cuando este lindo privilegio se convierte en una angustiosa carga.



Jairo; aquel hombre importante, jefe de la sinagoga, que menciona los Evangelios; vivió una situación que ilustra perfectamente lo que estoy tratando de decir. Su hija, de solo 12 añitos, está agonizando, al borde de la muerte, y todos sus esfuerzos han resultado inútiles. Son esos momentos en que todo lo que tenemos, sea mucho o sea poco, no nos sirve para nada. A pesar de toda su distinción, de su importancia, seguramente de su poder económico, Jairo estaba desecho. Estaba invadido por el temor y completamente desesperado.

En ese instante, Jairo decide ir a Jesús. Se quita su ropaje de personaje ilustre, deja a un lado su dignidad, se olvida de su posición en medio de la comunidad, y  aborda al Nazareno para rogarle que haga algo por su hija. Todo su temor lo llevó a los pies de Jesús y abrazó la alternativa de la súplica. No negoció, no adornó su dolor, no escondió su frustración, simplemente rogó. El Señor accedió a acompañarlo. Siempre lo hace. Cualquier padre que se acerca a él, desnudando su dolor y dispuesto a depender totalmente de él, nunca lo rechaza.

Camino a casa, salió al encuentro una mujer enferma, que retrasó la llegada del Maestro. Jairo sólo guardó silencio en forma paciente, y cuando por fin reiniciaron el camino al lecho de enfermedad, fueron interrumpidos por los mensajeros que eran portadores de una nefasta noticia: Tu hija ha muerto. Cuando Jairo está listo para abandonarlo todo, para saltar del barco de la fe, vienen las inolvidables palabras del Maestro, para invitarlo a seguir a bordo: NO TEMAS, CREE SOLAMENTE.

No temas. Este hombre está petrificado de miedo. Y cómo creer si la última esperanza se fue con la noticia que acababa de recibir. Pero esas palabras siguen sonando hoy para todos aquellos padres que enfrentan situaciones similares a la de Jairo… NO TEMAS, CREE SOLAMENTE. Para aquellos que sienten que no han podido dirigir con sabiduría la vida de sus hijos, Dios les dice hoy, “No temas, cree solamente”. Para aquellos que a través de sus decisiones han afectado la vida de sus cónyuges, Dios les dice hoy, “No temas, cree solamente”. Para aquellos que no han sido prudentes en el manejo de su economía y hoy están en situaciones difíciles, Dios les dice hoy, “No temas, cree solamente”.

Créele al Señor, coloca tu temor a sus pies y sométete a la agenda del Maestro. Él nunca llega tarde. Frente a aquellas cosas que como padres no somos capaces de manejar, él sabe cómo hacerlo. No existen situaciones clausuradas para él. Recuerda… cuando tus ojos solo puertas cerradas, déjate guiar por él, hay mucho más allá de los que tus ojos ven y recuerda, escucha… NO TEMAS, CREE SOLAMENTE.




Con cariño para todo los padres que luchan por ver cumplido el plan de Dios, en cada uno de los miembros de su hogar y sobre todo para el mejor, mi Padre, el Hermano JUAN. Gracias por mantener mi vida anclada al propósito de Dios, aun cuando estuve a punto de naufragar en medio de las tormentas de mi necedad. ¡Gracias!

jueves, 16 de mayo de 2013

¡FELIZ CUMPLEAÑOS NENA!


Ser padre es indudablemente lo más grandioso que me ha pasado en la vida. Creo que este privilegio es tan apreciado por el parangón que existe con la designación más frecuente que la Escritura hace de Dios, “El Padre”. Fuiste TU, la que veintiún años atrás me hizo por primera vez Padre. De todas las cosas que he conseguido en esta vida, nada me hace sentir más orgulloso que ser padre y sobre todo el ser Tu Padre. Gracias nena.

En la Clínica. Por primera vez en mis brazos. Qué experiencia tan emocionante

Hoy estoy convencido que el cielo se ha empeñado en bendecirme, aunque estoy muy lejos de ser un buen candidato para eso. Llegaste en un momento en que quizás no estaba listo para recibirte, varias decisiones daban vueltas por mi cabeza, mi proyecto de vida residía en estado nebuloso, pero tu presencia cambió todo. A pesar de no tener todas las respuestas, a pesar de no tener claridad sobre el camino a seguir, a pesar de no estar listo, el solo verte, le imprimió a mi existencia una razón poderosísima para seguir viviendo. Hasta ese momento la vida sólo tenía sentido al pensar en un encuentro con el creador al final de la misma, pero comprendí que mientras ese momento llegaba; si podía verte crecer y saber que estabas ahí, el peregrinaje resultaría más alentador.

El día en que oficialmente tomaste el nombre de "Eddy Angélica"

Los años han pasado, no he disfrutado en verte crecer en sus detalles más pequeños, pero no he dejado de apreciar la mano de Dios guiando cada uno de tus pasos, aun los que dabas con tus piececitos torcidos (una no tan grata impronta genética que nos une). Cada día, desde aquel 16 de Mayo de 1992, al levantarme, mi oración es para que Dios nunca aparte su mirada de tu existencia y al verte hoy, puedo estar seguro que mi plegara ha sido contestada siempre. Ves porque me siento bendecido por el Cielo.


Qué hermosa mujer en la que te has convertido. Dios te bendiga siempre

Hoy al verte convertida en la hermosa mujer que eres, llena de sueños, promediando exitosamente una carrera profesional, con un horizonte inmenso desplegando frente a ti, solo puedo darle gracias a Dios. Gracias muñeca, por hacerme padre por primera vez, por llenar mi vida de tanta satisfacción y orgullo, porque tú y tus hermanos, me permiten apreciar en su dimensión terrenal el misterio de la eternidad. Y gracias, porque aunque han pasado veintiún años, hay una cosa que no cambia… cuando te miro, mi corazón se llena de gratitud a Dios y mis ojos de lágrimas (como aquella primera vez que te tuve entre mis brazos).

Feliz cumpleaños mi nena hermosa y nunca olvides que te amo… con todo mi corazón, con toda mi alma y con todas mis fuerzas.

Tu Padre (El Pastor Angel).

lunes, 1 de abril de 2013

ESTABAN AHÍ


Uno de los detalles del Evangelio que ha generado polémica y múltiples teorías especulativas, es la selección de aquel par de mujeres llamadas María, para recibir el anuncio de la resurrección. Algunos incluso se han atrevido a proponer que el asunto se debe a la relación afectiva que el Señor tenía con una de ellas, María Magdalena, por eso fue que el Señor la buscó a ella primero, afirman. Pero el cuestionamiento sigue en el aire. Por qué no el discípulo amado; por qué no el líder natural del grupo, el impulsivo Pedro; por qué no José de Arimatea, el generoso donante de aquel sepulcro sin estrenar. ¿Por qué precisamente ellas?



Mateo nos ayuda con su relato a mirar con exactitud la razón de dicha escogencia (Mateo 28:1): "Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro".

Aquella madrugada de domingo, estas dos mujeres, las Marías, emprendieron camino rumbo al sepulcro donde había sido puesto el cuerpo de Jesús. Seguramente en medio de la oscuridad y sin grandes expectativas, fueron a encontrarse con el cadáver de su Señor. Ellas fueron las últimas en abandonar la cruz, siguieron el cuerpo sin vida hasta la tumba, y el viernes cayendo la noche se marcharon de aquel lúgubre escenario. Las últimas en irse y las primeras en llegar.

Su única preocupación era la pesada piedra que sepultaba a su Maestro y que seguramente los guardas no accedería a correrla. No esperaban nada más allá de eso. Pero los ojos bondadosos del Dios de la gloria las observaba. La mirada divina seguía sus nostálgicos pasos y entonces les preparó una sorpresa…

"Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella. Su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve. Y de miedo de él los guardas temblaron y se quedaron como muertos. Mas el ángel respondiendo, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús el que fue crucificado"

El telón del cielo se corrió, Dios envío un mensajero celestial, no solo para remover la piedra y que ellas pudieran ser las primeras en observar la tumba vacía, sino que también les preparó luces naturales, les movió los cimientos de la tierra y como si fuera poco, fueron sus oídos los primeros en escuchar el más glorioso de los anuncios. El silencio del viernes terminó y sólo ellas lo escucharon: "No está aquí, pues ha resucitado,..."

¿Por qué solo ellas? Sencillo, porque solo ellas estaba ahí. Los demás durmieron hasta tarde, su dolor no les permitió emprender camino tan temprano, algunos iba ya, rumbo a sus ciudades y pueblos de origen. Ellas vinieron a buscarle de madrugada. No hay nada más gratificante que buscar al Señor temprano. La selección no la hizo el cielo, fueron ellas las que eligieron estar ahí.

Ellas fueron sin expectativas, sin esperanzas, sin pretensión alguna, pero fueron a buscarle temprano y Él las sorprendió, abriendo para ellas el baúl de su gracia. Cuantas veces el Señor no se habrá quedado esperándonos temprano, Cuantas citas no hemos incumplido y nos hemos perdido todo aquello que él ha preparado para nosotros. Cuántas respuestas, cuántas palabras, cuántas manifestaciones de su poder y su provisión, se han quedado en sus manos porque nosotros no llegamos. Nada es más gratificante que buscarle temprano. Este par de mujeres estaban ahí… Ahí donde muchas veces nosotros no hemos estado. Por eso el sabio nos regala está máxima… “Yo amo a los que me aman, Y me hallan los que temprano me buscan” (Proverbios 8:17). Ellas fueron en busca de un cadáver y se encontraron al Cristo resucitado, fueron a ver una tumba y pudieron apreciar el trono del Rey de reyes y Señor de señores.

Que no se nos olvide… Nada es más gratificante que buscarle temprano.

Con fraternal cariño, en Cristo Jesús (el Resucitado)
El pastor Ángel

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Un Cariñoso Saludo de Navidad

En el sencillo relato de Mateo capítulo uno, sobre el nacimiento de Jesús, vemos cómo interactúan los protagonistas del más misterioso drama que haya presenciado la humanidad, el momento histórico en que Dios decidió incursionar, como uno de nosotros, en medio de los seres humanos. La deidad, con todo su poder y suficiencia, se encapsulaba en el frágil cuerpo de un bebé. Ha sido imposible para la teología explicar este suceso, porque la sola idea de imaginarlo nos coloca frente a la eterna distancia que hay entre la deidad y la humanidad.

Esta pareja de jóvenes judíos están comprometidos en matrimonio, con todos sus sueños y proyectos a cuestas. De pronto y sin mucho adorno, el escritor sagrado registra que “se halló que había concebido…” María, su chica, la mujer de sus sueños, está embarazada y él no es el padre. Antes de cobrar la ofensa que esto representa para su orgullo de macho, José decide irse. La sociedad de su época le achacaría a él, el abandono de su prometida en estado de gestación. De ahí en adelante, quedaría marcado y con una codena sobre sus hombros. Con esta acción pasaba de ser víctima a convertirse en victimario. Era eso, o someter a su amada al castigo que por ley debía recaer sobre ella, la muerte.



¿Qué impidió que José lo hiciera? Sencillo, que antes de actuar, pensó. “Pensado él en esto…” (v.20). Si solamente incorporáramos a nuestro estilo de vida, esta lección que nos regala José… pensar antes de actuar. Este sencillo principio nos evitaría muchos dolores de cabeza, pero también nos impedía ser prontos para juzgar. José renunció a juzgar y prefirió “pensar” en otras opciones, entre ellas huir. El apóstol Pablo nos advierte que este es el modelo del niño; el que primero habla, luego piensa y finalmente termina juzgando. “Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño” (1ª Corintios 13:11). José actuó como hombre.

Ese tiempo reservado para la reflexión, le permitió a José encontrarse con la revelación. Nuestro pensamiento es algo que celosamente debemos guardar, por tanto el llamado del Señor es a renovarnos en el espíritu de nuestra mente (Efesios 4:23). La pureza del corazón de José y el recio debate interior entre lo correcto y lo justo, fueron interrumpidos por un ángel de parte del Señor. La revelación viene para darle la respuesta, para guiarle en una correcta decisión, para evitar que este noble hombre avanzara en una dirección equivocada, pero sobre todo para posicionar su vida en el centro del propósito de Dios.

Ese mensaje celestial, resultaba extraño, difícil de creer, al margen de cualquier consideración lógica, pero José, no solo lo creyó, sino que también lo aceptó y se sujetó a dicha comunicación. ¿Por qué? Esta revelación tenía una marca que brilla por su ausencia en todos los rimbombantes mensajes que hoy llenan nuestros púlpitos y navegan por todos los canales de comunicación existentes. Exposiciones llenas de carisma, con expresiones que a la gente le fascina escuchar, que traen motivación y elevan la autoestima, que arrancan gritos de júbilo y explosiones de éxtasis. Pero que no nacen en las entrañas de las Sagradas Escrituras. Por absurdo que sonaba aquel anuncio, José lo recibe, sencillamente porque esta revelación tenía la impronta imborrable de registro profético. Quizás en su humanidad aquel hombre hubiera querido escuchar otra cosa, quizás hubiera preferido un mensaje que estimulara su hombría, pero la revelación no acudió a su reflexión para anunciarle lo que él quería oír, sino para ubicarlo en el centro del propósito de Dios, aunque dicho mensaje no sonara para nada gratificante.

En torno a esta sencilla reflexión quiero “anunciarte” el saludo de la navidad. Que la celebración de estos días de fiesta nos permitan abrir espacio para la reflexión. Ese ejercicio productivo de nuestros pensamientos que los conectan con la revelación. Una reflexión que nos lleve a actuar con cautela, nos libre de la tentación de juzgar y nos permita escuchar los mensajes que vienen de lo alto. Pero que esta sea también la oportunidad para sujetarnos, con total humildad, a la soberanía del texto revelado, aunque su contenido no traiga consigo, lo que queremos escuchar, siempre traerá lo que debemos oír, pero sobre todo, siempre vendrá para ubicarnos en el centro de su propósito.

Que el desconcertante mensaje que transformó la vida de José, siga haciendo lo mismo en el corazón de todos aquellos que día a día nos acercamos a él buscando la hermosa presencia que lo inspiró. Una Feliz Navidad, con todo cariño,

El Pastor Angel.

lunes, 3 de diciembre de 2012

Transiciones Innaplazables


 Texto: 1 Samuel 3


Samuel fue el hombre que protagonizó el proceso de transición entre dos grandes épocas en el pueblo de Dios. Antes que este gran hombre apareciera en escena, la nación vivió un largo periodo de inestabilidad, de altibajos, de anarquía. Fue una época caracterizada por ausencia de propósito, carente de dirección y que se fue pervirtiendo con el paso del tiempo. Al final de la misma, hasta la institución sacerdotal se encuentra completamente contaminada.

Con Samuel inicia un periodo, que si bien no fue perfecto, condujo a la nación hacia su más grande proyección en toda la historia. La monarquía, primero con Saúl y luego con David, unificó la nación y la convirtió en una potencia de respeto entre las naciones vecinas. Surge con claridad el movimiento profético, que guiaría la nación por medio de la voz de Dios.

Pero quizás las señales más representativas de una época y su paso a la otra se muestran claramente en los versos inicial y final de este capítulo. El versículo uno: “El joven Samuel ministraba a Jehová en presencia de Elí; y la palabra de Jehová escaseaba en aquellos días; no había visión con frecuencia”. Y el versículo 19: “Y Samuel creció, y Jehová estaba con él, y no dejó caer a tierra ninguna de sus palabras. 20Y todo Israel, desde Dan hasta Beerseba, conoció que Samuel era fiel profeta de Jehová. 21Y Jehová volvió a aparecer en Silo; porque Jehová se manifestó a Samuel en Silo por la palabra de Jehová”.

Estos versos muestran el meollo del contraste. La gran diferencia entre una época y otra fue la ausencia y presencia de la Palabra. Pero lo interesante es que el texto sagrado registra este detalle y en ambos momentos menciona la persona de Samuel. El llega al templo siendo un niño y la realidad de la nación se define por la ausencia de visión de Dios, pero su permanencia allí genera un cambio y ahora el texto registra que Dios vuelve a ser protagonista por medio de su Palabra y a través del profeta. No tuvo que venir otro, no. El fue el instrumento de Dios para ese radical cambio, esa transición, ese vuelco total que vivió la nación.

El momento actual que vivimos como iglesia demanda una transición. La influencia de la iglesia en la sociedad debe cambiar. Si continuamos como vamos la iglesia va a ser mimetizada por los valores de la sociedad y la cultura del Reino seguirá siendo una extraña forma de vivir de unos pocos. Por ejemplo, vivimos en un mundo con pensamiento débil, y la iglesia contemporánea esgrime también una teología débil. La vida en el planeta se ha globalizado, y la expresión del evangelio no ha escapado de este envolvente pulpo (el evangelio Mcdonalizado – Replicamos en forma exacta metodologías que otros aplican). El capitalismo ha elevado el dinero a la estatura de una deidad poderosísima, pero la iglesia ha hecho de la búsqueda del dinero su más encarnizada agenda. El estilo del mundo es de promoción permanente de shows, y lastimosamente la iglesia ha convertido su liturgia en un espectáculo y una diversión, una invitación a sentirnos bien. Vivimos en un mundo dominado por la imagen y lastimosamente la iglesia abandonó la ética por la cosmética.

La iglesia debe transicionar, para convertirse en la voz de Dios para un mundo completamente sin rumbo. En lugar de ser arrastrada por la corriente de este mundo la iglesia debe emerger como un dique que le permita al pecador colocarse a salvo y poder acercarse nuevamente a su creador.

Pero este cambio no es de formas. No se trata de invadir los medios masivos de comunicación, con magazines y eventos multitudinarios; no se trata de ubicarnos en las más altas esferas políticas y económicas de la sociedad (no está mal hacerlo, pero no es lo importante en el asunto). El cambio no pasa por levantar suntuosas edificaciones, tener cantantes en las más sonadas premiaciones mundiales… el asunto es más de fondo. Samuel no surge con la fuerza de Sansón o la capacidad estratégica de Gedeón o el arrojo salvaje de Jefté, no. Este es un chico sencillo, con un alma pura y con un sello de consagración que le fue impreso desde antes de nacer.

Si el asunto no pasa por tener más fuerzas o más recursos o más influencia política, entonces específicamente en qué debemos transicionar. Finalmente con David, la nación ve cumplido el sueño de Dios en ellos. David y Salomón disfrutan de esta bendición, pero quien inició la transición fue Samuel. Si el asunto es de fondo, veamos cuales son los pasos transformadores que deben darse en nuestras vidas y en la iglesia de hoy:


Una Transición de…
DE LA RELIGION A LA COMUNIÓN.
1.     DE LA RELACION RELIGIOSA TRADICIONAL A UNA PODEROSA COMUNION PERSONAL.


Es bien gráfica la descripción que el texto hace del hábitat en que Samuel se mueve. Desde muy niño su vida giró en torno al templo y a todo lo sagrado que este representa. El ministraba a Jehová, él literalmente vivía con el sumo sacerdote. Dormía en el templo, se movía a unos metros del Arca de Pacto, iluminado por la luz que emitían las lámparas sagradas.

A pesar de todo este ambiente religioso que rodea a nuestro personaje, el encabezado del verso 7 registra: “Y Samuel no había conocido aún a Jehová,…” Este conocer no se refiere a una experiencia filosófica o académica, este conocer tiene que ver con saber por experiencia. Es un saber que se involucra con el objeto de dicho saber. Apunta a la relación íntima, personal, cargada de experiencia. En algunos casos, como este, ese conocer se presenta en paralelo con oír.

Es interesante que la experiencia de Samuel resulte mucho más frecuente de lo que nosotros imaginamos. Las personas llenan los templo, cargan entre su enceres diarios una Biblia, conocen de memoria un amplio repertorio de canciones cristianas, incluso han aceptado socialmente su condición de cristianos evangélicos, sus hogares son iluminados por muchos de los principios y las normas escriturales, pero aun así no conocen a Dios.

Los domingos se convirtieron en los días de la cita familiar con la tradición, con el culto, con aquella experiencia religiosa reconfortante, pero quizás nunca han sido momentos de verdadero encuentro íntimo. El salmista declara: “La comunión íntima de Jehová es con los que le temen, Y a ellos hará conocer su pacto”. (Salmo25:14).

Si hay una transición que debemos dar en forma urgente, es el salir de esa relación nominal y religiosa con Dios y comenzar una verdadera vivencia de intimidad. Es más urgente que salir de una casa arrendada para pasar a un suntuoso auditorio, más que pasar de un pequeño grupo de cantores a una gran orquesta de música, más que pasar de ser cien a ser dos mil, debemos pasar a disfrutar de una relación de intimidad, cercanía y conocimiento de Dios.

Una Transición…
DEL SERMÓN A LA REVELACIÓN
2.     DE OIR UN MENSAJE O UN SERMÓN A SER EXPUESTO A LA REVELACIÓN.



Aquella madrugada, Samuel escucha en forma clara su nombre. Era la voz de Dios que le llamaba por el nombre, pero él no pudo identificarla, ya que era una voz que no conocía. Samuel podía oír pero no conocía, Elí podía entender, pero no escuchaba. Son dos acciones que se dieron en aquel episodio y se repiten todo el tiempo en medio de nosotros. Oímos el mensaje, reconocemos un sonido, pero no conocemos en forma personal al autor de esa voz. En otros casos tenemos la capacidad de interpretar, descifrar, pero no logramos escuchar.

Hay algo que me fascina de esa voz que llamó a Samuel. Porque si observamos con algo de detenimiento, podemos apreciar ciertas características de dicha voz:
  •  Es insistente. Por cuatro ocasiones llama al chico, no se rinde.
  • Es personal. Llama a Samuel por su nombre. Este es quizás uno de nuestros principales problemas, no apreciamos la naturaleza personal de dicha voz.
  • Es de naturaleza revelacional. No es tanto para que aprendas un dato más, no es para que agrandes tus archivos de detalles, es para que el velo de tu vida sea corrido y puedas apreciar algo poderoso que Dios quiere mostrarte.

Por eso la respuesta no puede ser inconsciente, mecánica, autómata. El mensaje deja de ser sermón y se transforma en revelación cuando se encuentra con el espíritu humilde y ansioso del ser humano. “Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados” (Isaías 57:15).

Es solo de las profundidades del espíritu que puede salir la respuesta… habla Jehová que tu siervo oye. Ahí se configuró un encuentro. Nuestras convocaciones ha cambiado la respuesta y ahora le decimos: Oye Jehová que tu siervo habla. Solo cuando la Palabra es recibida como revelación, puede generar transformación.

Una Transición…
DE LAS EXPERIENCIA TEMPORALES A LA PRESENCIA PERMANENTE
3.     EXPERIENCIAS DE INDOLE TEMPORAL A UNA PERMANENTE PRESENCIA CELESTIAL.


“Y Samuel creció, y Jehová estaba con él, y no dejó caer a tierra ninguna de sus palabras. 20Y todo Israel, desde Dan hasta Beerseba, conoció que Samuel era fiel profeta de Jehová. 21Y Jehová volvió a aparecer en Silo; porque Jehová se manifestó a Samuel en Silo por la palabra de Jehová”.

Este registro final es sencillamente fascinante: Jehová estaba con él. Si pudiéramos colocar esta pequeña frase en toda su dimensión, si alcanzamos visionar lo que significa que aquel que creó los cielos y la tierra y que la sustenta con su diestra, ese mismo, decide acompañarnos en todo momento.

Desde aquella revelación cargada de juicio sobre el sacerdote Elí, cada vez que Samuel habló, Dios honró su palabra en labios del profeta; no dejó caer a tierra ninguna de sus palabras. Esa presencia permanente es la que trae la gloria de Dios, es la que trae el gozo de Dios, es la que trae los milagros de Dios, la bendición de Dios… Y Jehová volvió a aparecer. Con cuánta urgencia necesitamos que este texto se haga una realidad en medio de nosotros. Que Dios vuelva a aparecer.

Dios quiere volver a aparecer en esa universidad, en esa oficina, en ese barrio, en medio de la iglesia, en medio de tu familia. Es la presencia que camina contigo, que te acompaña a todos lados, que guía cada uno de tus pasos.

CONCLUSIÓN.
Estas son las transiciones que debemos protagonizar. La transición que trae de vuelta la Palabra, y hace visible el carácter invisible de Dios.

domingo, 22 de julio de 2012

37 AÑOS NO SON NADA, SANTAFE POR FIN CAMPEÓN


Hace 12 años prediqué en la concregación que pastoreo, un sermón que titulé. “El arte de esperar”. Era una reflexión sobre la experiencia de Zacarías y Elisabet su esposa, y su deseo aplazado por tener un hijo. En la reflexión quería resaltar el valor de una virtud que Dios nos manda a cultivar, máxime cuando la Escritura la presenta como una expresión del fruto de Espíritu. Les estoy hablando de la paciencia. A este par de ancianos, que por años esperaron la repuesta a su oración, Dios se les revela premiando su fidelidad, su paciencia y recalcando que él tiene memoria de nuestras más íntimas peticiones.

Menciono los años que hace que predique este sermón, no haciendo alarde de mi memoria, sino porque nunca olvidaré la ilustración que usé durante la introducción a mi exposición, En esa ocasión decía que había un grupo especial de la población Colombiana que había desarrollado la virtud de esperar; los hichas del Santafe (Equipo de futbol, con sede en Bogotá); grupo del que orgullosamente hago parte.



Mencioné en ese entonces que llevábamos 25 años esperando ser campeones. Hoy 12 años después, 37 por todos, hemos visto el cumplimiento de la ilustración de aquel sermón. El pasado domingo 15 de Julio de 2012, a las 6:00 PM, había una exitación especial en casa. Mi esposa había preparado pasabocas y todos estabamos invadidos por ansiedad. La espera estaba a solo unos minutos de terminar, y mi pecho no podía disimular la emoción. El partido comenzó y la tensión se multiplicó. El primer periodo se consumió y todavía nada estaba definido, la espera se prolongaba 45 minutos más y la paciencia parecía decidida a huir. Los pasabocas eran devorados a prisa y mis dedos índices ya no aguantaban más (tengo el vicio de morder los dedos índices cuando estoy muy ansioso o tensionado).

De pronto, el cobro impecable de una falta, el balón realizó el surco parabólico y entre el ramillete de jugadores que poblaban el área salió Copete y en forma incómoda cabeceó el balón y este, para aumentar el drama, avanzó con suspenso y por fin ingresó a la portería rival. El corazón estaba a punto de explotar y el abrazo solidario de mi esposa y mis hijos disimularon las lágrimas que corrían por mis mejillas. De ahí en adelante el drama fue otro. El tiempo hasta el pitazo final fue eterno; una vez más esperar. El equipo dilapidaba oportunidades de confirmar el triunfo y el temor rondaba amenazante en mi cabeza. Cuando el cronómetro arribó al minuto 47 el arbitro tomó el balón con sus manos y decretó el final del partido. Santafe, mi santefecito lindo era campeón.

Mis manos estrecharon mi rostro con violencia, los brazos de mi esposa y mis hijos se extendieron para felicitarme y de pronto, sin poder controlarlo, irrumpí en llanto, como un niño. Esa mezcla de alegría y satisfacción, contenida por 37 años. Qué emocionante es recibir lo que hemos esperado por mucho tiempo. Desde el nacimiento de mis tres hijos (y la menor tiene 14 años) no vivía una emoción tan grande.

Esta es una generación que ha hecho de la paciencia un anti-valor. Todo lo queremos ver en forma inmediata. A todos ellos, quiero recordarles que Dios no se apresura en el cumplimiento de su propósito en cada uno de nosotros, él es un Dios paciente. El sigue apostándole a los procesos, a la formación pausada de su imágen en cada uno de nosotros. Si los directivos de Santafe, siguieran el ejemplo del Señor, seguramente las celebraciones no serían tan distantes. A propósito,... te imaginas la emoción de Zacarías y Elisabet. Yo ya puedo imaginarlo.

Un abrazo,
El pastor Angel.

martes, 5 de junio de 2012

TODOS SOMOS IGUALES


Tuve la oportunidad de leer en el “eltiempo.com” el artículo de Natalia Springer, acerca del doloroso episodio de la brutal muerte de Rosa Elvira Cely. La columnista relata que el policía que la atendía en ese momento, en lugar de tomar una decisión que privilegiara la vida de esta mujer, dado su evidente gravedad, sólo se le ocurrió preguntarle si tenía seguro. La respuesta de Rosa Elvira coincidió con la de millones de colombianos: “No, no tengo”. Esta expresión determinó el lugar a dónde ella debía ser trasladada. La decisión del lugar de su atención no se tomó al observar su deplorable estado, o las huellas de la tortura a la que había sido sometida, o las marcas sobre su cuerpo de la aberración enfermiza de su victimario. No se detuvieron a observar que la vida se le escapaba y que el tiempo era el único activo que esta pobre mujer tenía en ese momento.


Rosa Elvira fue llevada a un hospital al otro extremo de donde fue encontrada, a pesar de estar a solo unos pasos de dos de los más importantes centros médicos de la ciudad. Estuvo en un pasillo esperando una camilla y fue atendida casi a medio día, cuando había sido encontrada por la policía las 6:30 de la mañana aproximadamente.

Cuando leía esta crónica, no pude dejar de pensar en el atentado perpetrado al exministro Fernando Londoño. Todos vimos las imágenes de ese demencial acto. En nuestra retina todavía se mantiene la escena del exministro, caminando de la mano de sus escoltas, notablemente atontado por la explosión y con su rostro ensangrentado. Si observamos con detenimiento, la pregunta que le hicieron sus hombres de seguridad es muy parecida a la que el policía le hiciera a Rosa Elvira. “¿Señor Ministro, a qué clínica lo llevamos?” El respondió en forma jocosa, “A cualquiera, menos al Meissen” (Hospital distrital, que atraviesa una dura crisis, con un saldo en rojo de 41.538 millones y denunciado por supuestas irregularidades en contratación de obras como la nueva sede).

Todos los medios registraron el sentido del humor que esgrimía el ministro en medio de semejante tragedia. Sus escoltas lo trasladaron a la prestigiosa clínica Country, no solo por su cercanía, sino también porque allí se le garantizaba una atención acorde a la gravedad de su estado. Todavía no sabemos qué tipo de seguro tendría el exministro Londoño, pero en medio de un drama como el que vivió, pudo se atendido con prontitud en el lugar más cercano y apropiado, porque así debe ser.

Rosa Elvira no tuvo la posibilidad de escoger. Pero bueno, en ese momento no estaba en condiciones de hacerlo; pero menos mal, su vida estaba siendo guardada por un servidor del estado. Qué pensarían los padres de la patria que redactaron el artículo 14 de nuestra constitución: “Todas las personas nacen libres e iguales ante la ley, recibirán la misma protección y trato de las autoridades y gozarán de los mismos derechos, libertades y oportunidades sin ninguna discriminación por razones de sexo, raza, origen nacional o familiar, lengua, religión, opinión política o filosófica.

El Estado promoverá las condiciones para que la igualdad sea real y efectiva y adoptará medidas en favor de grupos discriminados o marginados.

El Estado protegerá especialmente a aquellas personas que por su condición económica, física o mental, se encuentren en circunstancia de debilidad manifiesta y sancionará los abusos o maltratos que contra ellas se cometan”.

¿Es esto cierto? Un exministro puede decidir dónde ser atendido (y está bien que haya sido atendido rápido y en un lugar cercano), pero que una mujer que ha sido ultrajada, violada, que está visiblemente mal herida, tenga que se interrogada sobre la existencia de un seguro para ser atendida, es el más radical cuadro de desigualdad que se puede dibujar en una sociedad. ¿No se le podía garantiza a esta mujer sus más elementales derechos en medio de semejante tragedia? Pero estos servidores públicos le desconocieron el más elemental de todos, el derecho a la vida (Artículo 11. El derecho a la vida es inviolable).

Las desigualdades han existido siempre, pero cuando se manifiestan en circunstancias como estás, podemos concluir que socialmente, estamos tocando fondo. Únicamente delante de la presencia de Dios nuestro Señor, somos iguales. El hace salir su sol sobre bueno y malos y hace llover sobre justos e injusto, pero sobre todo,… él entrego la vida de su Hijo Jesucristo para que “todo” aquel que en él crea alcance la gracia y el favor de Dios.

Qué Dios nos permita disfrutar de la bendición de pertenecer a su reino, donde podemos ser atendido directamente por el Rey. No importa si tienes o no seguro, o si has sido un ministro de gobierno o vendes dulces en la calle… Él siempre está disponible para todo aquel que le busca, porque delante de su presencia, todos somos igual de necesitados.

Con profunda indignación, El Pastor Ángel